Primer movimiento - rebeldía / volumen 2

Las rebeldías son contra las formas de sentir, pensar y actuar. El fraseo nos inunda y nos recuerda que somos finitos copos de nieve cruzando una violenta galaxia. Adiós a las promesas, dejamos hace rato de sentir temor por las alturas. Bucear las profundidades ha sido mi travesía y estas líneas pretenden dejar sobre el papel las memorias de tantos jueves que me acompañan.     

El acto de fijar en imágenes y sonidos los recuerdos se vuelve máquina del tiempo. Las palabras escritas también lo son. Energía que se transmuta. Sin embargo, cuando creas los recuerdos propios, los resguardas y con ellos tejes melodías, ocurren cambios en la forma de asumir el mundo. Deja de existir el tiempo lineal. Aprendes a escucharte una y mil veces, y eso te ayuda a hablar mejor. Aprendes a escuchar mejor. Observar ya nunca más vuelve a ser un acto pueril ¿A dónde dirigimos nuestra atención? ¿Por qué le damos más importancia a esto y dejamos lo otro? Parecemos enormes cajas de resonancia que vibran todo el tiempo ante los estímulos que nos rodean. Quizá sin saberlo, elegimos nuestros propios estímulos. Cuando empiezas a grabar, comienzas a sentir lo invisible. A ver lo que no se ve y a escuchar lo que no se escucha. Parecemos antenas. Hacer Jueves de Vernáculo a Retazos se convirtió en mi forma más pura de rebeldía.

  • Jueves, 11:00 pm - 

Escucho por primera vez a Vernáculo en El Acapulco. Desde entonces, cualquier día podría ser jueves. Recuerdo la atadura milenaria y esa necedad humana de enmarcar los días como si fueran lápidas. Prefiero tener más domingos que lunes. Y por siempre jueves. 

Descubrir los Jueves de Vernáculo fue encontrarme con un pedacito del barrio en medio de la ciudad. Esas sonoridades sólo las había presenciado en mi infancia cuando mi tío Julio llegaba medio tapiz a nuestra casa con su guitarra a cuestas. Quizá va más allá de lo que llamamos música, es una capacidad de conexión entre seres humanos que trasciende las fronteras de lo tangible. Mi tío era un bohemio por elección, carpintero de profesión y un artista fiel a su existencia. Murió cuando yo tenía 8 años, pero aún su guitarra la puedo escuchar. Es lo que me pasó con Vernáculo. Una especie de chispa. Mis deseos de sumergirme en sus historias se dispararon cuando Jess confió en mí para la escritura y dirección de nuestra película. Junto a Jess, estuvieron desde el inicio Chiky y Pradito. Dirección, producción, fotografía y asistencia de dirección. Estos cuatro roles fueron los fundamentales para que nuestra película emergiera. Recuerdo muy bien cuando nos juntamos los cuatro a leer la última versión de la escaleta. Al finalizar, nos reímos y nos emocionamos. Era ambiciosa, jugosa, muy cachetona y sobretodo, le hacía honor a los jueves, eso fue importante desde el inicio.

Aquel año aplicamos al fondo de DocTV. Éramos cuatro estudiantes recién egresados queriendo grabar un largometraje documental musical y el tema de DocTV en esa ocasión era la música. Fue la primera carpeta que armamos del proyecto y el primer no que recibimos. Sí nos seleccionaron para hacer el pitch. Jess y yo nos preparamos días antes, pues nos avisaron con poco tiempo. Chiky nos acompañó. Fue nuestro primer pitch. Eran tres jurados. Presentamos un teaser con la canción de Los Pollitos de fondo, interpretada por Vernáculo, claramente. Uno de los jurados nos atacó, alegando que cómo pretendíamos representar a Costa Rica en un concurso internacional utilizando esa canción. Su visión era valle-centralista, elitista y adultocéntrica. Que dicha que nunca más lo volvimos a ver. Y qué dicha que no ganamos el fondo. Nuestra película jamás encajaría dentro de esos lineamientos. Nuestro musical es reivindicativo, no complaciente.     

Escrito por Iván Esteban Pérez Arias
Jueves de Vernáculo a Retazos  
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